Ciudad de México, México. Javier Corcobado hizo viajar a las almas en una alucinante nave astral de versos celebrando su 40 aniversario de trayectoria musical, ocupando el Teatro Metropólitan este 30 de abril.
A los primeros pasos del músico y poeta español los reunidos estallaron en pasiones desbordadas a los ritmos de “Carta al cielo”, “La libertad” y “Desde tu herida”.
Visiblemente conmovido por la candente recepción, el cantautor de 62 años compartió emotivo mensaje de bienvenida ante la presentación realizada el día de la niña y el niño:
“Todas y todos, los que estamos hoy aquí, somos niños. Y si no lo fuéramos, no iríamos a conciertos de niños”.
Clamores y aplausos hicieron ecos ensordecedores hasta el último rincón, congregando a un público mayoritariamente coetáneo al artista, sin faltar oleadas de nuevas generaciones, celebrando unidos cuatro décadas de trayectoria musical y poética.
El recital entregó un recorrido por sus históricos éxitos, incluyéndose una revisión hacia “Solitud y Soledad”, su vigésimo álbum oficial, un doble disco que reúne 20 canciones.
Entre Luces tenues, la producción relució por una escenografía minimalista sin parafernalias, concentrándose en la presencia de Corcobado y su excelente ensamble de músicos conformado por Juan Pérez Marina (guitarra), Jesús Alonso (batería), Gustavo Villamor (bajo) y Aintzane Con G de Gloria (voz, theremin y percusión), tocando “Solitud y Soledad”, “Qué maravilla sería”, “No tengo remedio” y “Susurro”.
Hace mucho tiempo que no veo el amor en los demás,
Ya nadie sonríe ni dice la verdad…
Cada una de las rolas fueron coreadas a todo pulmón, delineándose “Secuestraré al amor”, “Pídele a Dios” y “Cruz de respiración”.
La fuerza escénica de Javier Corcobado removía las emociones, se le observaba juguetear con el micrófono, se azotaba en escenario al cobijo de un áspero rock haciendo retumbar el insigne inmueble del Centro Histórico de esta ciudad.
Se avanzó hacia “En la sombra de una copa”, “El mar es mi corazón”, “Cine de verano” e “Inundaciones de amor”, añadiéndose “Te estoy queriendo tanto”, al abrigo en cánticos de Aintzane Con G de Gloria.
El acto fue encaminado “En el bosque” y “Soy un niño”. Instantáneamente convidó a escena a una pareja con su hija recién nacida bautizada como Luna Quetzalli, dedicándole el buen Javier un poema especial.
La mágica gala musical explorando entre las fronteras de la bohemia y estridente rock, adicionó “Getsemaní”, “A nadie” y “La navaja automática de tu voz”.
Navegando hacia el ocaso resonó “Adiós estrellas de dolor”, así como “Yin Yang Jung Venus”, siendo aderezada en una coreografía incluyendo a fans.
Al brindar “Caballitos de anís”, se afiló el finiquito considerándose “Sin corazón no hay nada” y “Devorar la vida”. El cerrojazo dorado fue firmado a afiando “Dame un beso de cianuro”.
Javier Corcobado rendía reverencias gratitudes custodiado de su ensamble de músicos, partiendo en fulgurantes pasiones enloquecedoras, dibujando en el corazón de sus fieles una inolvidable velada.
Fotos: José Jorge Carreón / Ocesa.











