Ciudad de México, México. El ritual de rock de la banda Caifanes hizo vibrar al Auditorio Nacional la noche de este viernes 29 de mayo, en una mágica velada por sus éxitos y consignas.
Desde los primeros acordes los reunidos estallaron en pasiones desbordadas, ante la presencia del vocalista Saúl Hernández, el baterista Alfonso André, el tecladista y saxofonista Diego Herrera, el guitarrista Rodrigo Baills y el bajista Marco Rentería.
La apertura emprendió vuelo afinando “Hasta que dejes de respirar”, “Nunca te doblarás” y “Para que no digas que no pienso en ti”. El líder Saúl así dio bienvenida:
“¡Muchas gracias por estar aquí nuevamente raza, por tu presencia, que hace que nosotros estemos vivos definitivamente! ¡Es un honor, un placer! ¡Siempre va a seguir siendo un sueño verte enfrente de nosotros! ¡Que Dios te bendiga! ¡Muchas gracias, raza!”.
Portentosos aplausos y griteríos cobijaron a la agrupación cuya primera tocada aconteció un 11 de abril de 1987, en el insigne escenario del legendario Rockotitlán.
Entre luces resplandecientes, la producción relució por una colosal pantalla a telón de fondo instalada a mitad de escena, generando un ambiente de intimidad, proyectándose alucinantes lienzos con el viaje conceptual de los Caifanes, incluyéndose un par de pantallas laterales visibilizando a los músicos.
Sin pausas el repertorio avanzó hacia “El milagro”, “Miedo” y el tema “Hoy”, con mensaje del rockero de 62 años relacionado al contexto mundial:
“Hay conflictos muy grandes, hay separatismo muy grande en la humanidad. Hay que reflexionar en todo eso, no solamente en México, sino en todo el mundo. Pensamos que una declaración de guerra se destruye cuando haces una declaración de amor”.
Un público multigeneracional acudió a la celebración, desde los fieles coetáneos, nuevos adeptos juveniles y familias con sus pequeños hijos, todos coreando a todo pulmón cada una de las rolas.
Al entonar “Viaje astral”, se enalteció a ilustres figuras femeninas culturales: Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), Rosario Castellanos (1925-1974), Inés Arredondo (1928-1989), Elena Garro (1916-1998), Elena Poniatowska, Margo Glantz y Valeria Luiselli, entre otras.
Conmovió “Antes de que nos olviden”, dedicándola a las madres buscadoras, alzando Hernández la voz por justicia, en tanto un mosaico de fotografías de personas desaparecidas se enlistaba en la plasma central.
Ataviados para esta ocasión de elegante traje formal y corbata, Caifanes entregó a su vez una poderosa gala de rock dando nota a “Nada”, “Los dioses ocultos”, “Y caíste”, “Cuéntame tu vida” y “Mátenme porque me muero”.
El tiempo se fue volando, sobrevolando en “Nubes”, “Viento”, “No dejes que…”, “Aviéntame” y “Afuera”.
Con la bandera de México en el pedestal del micrófono, tocaron “Aquí no es así”, navegando hacia el ocaso en “Te lo pido por favor” honrando a “El Divo de Juárez” Juan Gabriel (1950-2016).
El finiquito dorado fue firmado con la clásica “La célula que explota”, sin faltar “La negra Tomasa”.
Uniéndose todos los Caifanes a los filos del escenario rindieron reverencias gratitudes, siendo elogiados con estruendosos aplausos y aullidos de satisfacción haciendo vibrar el pletórico coloso de avenida Reforma.
Previamente a emprender despedida, firmaron autógrafos y estrecharon las manos de los afortunados al frente de la tarima, partiendo con la energía fulgurando.
Fotos: Lulú Urdapilleta / Ocesa.















